miércoles, 1 de enero de 2014

MODO DE USO


ACTUALIZADO EL 15 DE ABRIL DE 2014.

Recomendamos confirmar siempre en los puntos señalados la realización de las carreras, pues suele suceder que se suspendan o posterguen. Gracias por los comentarios. En el año 2013 con la publicamos Perífrasis Griegas y dimos inicio a nuevo blog para seguir leyendo: chuzasylechuzas.blogspot.com.ar.
Inauguramos 2014 con la publicación de una conferencia sobre Fernando Pessoa, la cual tuvo lugar en la Biblioteca Córdoba en junio del año pasado.
Editorial Alción invita a  la presentación de dos libros de Daniel Vera

ÁNGEL EN LLAMAS
Poemas
Presentado por Carlos Schilling
 

MEDITATIO MORTIS
Ensayo
Prólogo de Julio Cabrera
Presentado por el autor


Participación musical a cargo de Natalia Bassotti
CASA DE ESPAÑA EN CÓRDOBA-ENTRE RÍOS 41

Miércoles 7 de mayo a las 19:00 horas.

Pruebas de calle y cross Marzo y Abril de 2014

ACTUALIZADO EL 8 DE ABRIL DE 2014




19 DE ABRIL, 15:30 hs. 12 km. y 3 km.
COSQUÍN





20 DE ABRIL, 9:00 hs. 21 km. y 5 km.
Plaza de la Intendencia 

FOLLETO MEDIA MARATON12

ESTAMOS INSCRIBIENDO EN CRUZATE CALLE DUARTE QUIRÓS 1591 - CORDOBA - DE 09.00 A 13:00 Y DE 17:00 A 21:00 LUNES A SABADO:  $ 90.- CORRE A INSCRIBIRTE.-
MEDIA MARATÓN CIUDAD DE CÓRDOBA - CIRCUITO CERTIFICADO.
DISTANCIA COMPETITIVA 21 KM - PARTICIPATIVA 5 KM.
LUGAR: PLAZA DE LA INTENDENCIA - LARGADA Y LLEGADA.
CIRCUITO: CALLE CASEROS, 
MARCELO T. DE ALVEAR, FIGUEROA ALCORTA, PUENTE ANTÁRTIDA, BULEVAR LAS HERAS, COSTANERA NORTE, NUDO VIAL MITRE, COSTANERA SUR HASTA PUENTE SAGRADA FAMILIA, NAZARET, QUINTANA, COSTANERA NORTE, FRAGUEIRO, BULEVAR LAS HERAS, PUENTE ANTARTIDA, FIGUEROA ALCORTA, ARTURO M.BAS, CASEROS.
INSCRIPCIÓN ANTICIPADA: $90.
COMPRENDE: DERECHO A PARTICIPAR Y
EL KIT DEL CORREDOR.
ASISTENCIA MÉDICA.
SEGURO DE CORREDOR.
CHIP PARA LA TOMA DEL TIEMPO.
PULSERA DE CONTROL DE CATEGORÍA.
REMERA RECORDATORIA DE LA CARRERA.
NÚMERO IDENTIFICATORIO DEL CORREDOR.
HIDRATACIÓN EN EL CIRCUITO Y LA LLEGADA.
BOLSO PORTA KIT INSTITUCIONAL DEL EVENTO.
REGALOS Y MERCHANDISING DEL SPONSOR OFICIAL.
MEDALLAS FINISHER PARA TODOS LOS PARTICIPANTES.

CATEGORÍAS: CABALLEROS 16 a 19 / 20 a 29 / 30 a 34 / 35 a 39 / 40 a 44 / 45 a 49 / 50 a 54 / 55 a 59 / 60 y + .
DAMAS: 16 A 19 / 20 A 29 / 30 A 34 / 35 A 39 / 40 A 44 / 45 A 49 / 50 Y + .
PREMIOS EN EFECTIVO A LOS 10 PRIMEROS DE LA GENERAL EN CABALLEROS Y DAMAS.  EXCELENTES TROFEOS A LOS 5 PRIMEROS DE CADA CATEGORÍA Y MEDALLAS FINISHER PARA TODOS!
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ACREDITACION: SABADO 19 DE 10HS. A 19 HS. EN PLAZA DE LA INTENDENCIA.(CALLE CASEROS ESQ. M.T. DE ALVEAR).
PROXIMAMENTE MAS LUGARES PARA INSCRIPCION.
CONTACTO CON LA ORGANIZACION: 0351-156756148.
mapa 23


26 DE ABRIL 16 hs., 8 km. y 2 km.



4 DE MAYO, 11:00 hs., 10 km. y 3 km.
Primera edición: ASCOCHINGA-LA PAMPA
Largada y llegada: Camping de Ascochinga
Inscripción $ 20.-Categorías.
(Se ampliará información)


17 DE MAYO, 16:00 hs., 7,5 km. y 2,5 km.
BARRIO SAN LORENZO SUR
COLECTIVOS 10-12-16 y 17


25 DE MAYO  10:00 hs., 6 km. y 3 km.
CARRERA DE BARRIO CONGRESO
Plaza de los Cañones
Todas las categorías



Oitenta e uma Pessoas distintas e um só poeta verdadeiro
         ¿Quién es el poeta? O mejor, ¿de dónde proceden los poemas? Desde tiempos muy remotos, quizás desde el principio, la cuestión ha estado presente en algunas de las tradiciones que me son familiares y por cierto de una manera muy cercana a la cuestión religiosa. El aedo, el vate, el poeta-de-verdad no hablaban por ellos, sino que eran inspirados por una energía superior que prometía verdad, a-letheia, vida sin olvido, a las palabras pronunciadas en ese trance: Canta Musa la furia de Aquiles preludiaba un hipotético Homero. Los profetas judíos también reproducían una voz más poderosa: sólo un blasfemo atribuiría a Moisés las tablas de la Ley. No faltó el escándalo cuando aparecieron, unos por aquí y otros por allá, los falsos poetas y los falsos profetas, gentes ingeniosas o elocuentes, capaces de emocionar o persuadir, pero que no decían la verdad, o lo que se tenía por verdad, y en muchos casos ni siquiera pretendían decirla. Un filósofo los trató de mentirosos y los echó de su autoritaria ciudad, algún jefe de iglesia o de partido los excomulgó o algo peor. Pero, ya con un aire mundano o profano, la Musa, o el Espíritu, vino a salvar a la mayoría y en general se entendió que no eran responsables de lo que decían y se los ubicó en una clase social más o menos prescindible: los artistas, unas veces adorados y otras veces execrados o las dos asimetrías a la vez. Pero a todo esto ya había surgido de otra manera el antiguo problema: el problema del autor. Harold Bloom ha dicho que el autor es una invención del lector para hacer inteligible la experiencia literaria, esto es, hay una mutua dependencia entre lo que se expresa o representa y quien lo expresa o representa: ¿Qué sería un poema de amor sin un autor enamorado? La confusión, acentuada por los románticos, entre el escriba, en su acepción de copista o amanuense, y el protagonista de un poema ha causado más de un malentendido, que ha perjudicado más que beneficiado a quienes son autores y a quien aspira a serlo: son los riegos de una anfibología sostenida en general por la vanidad y a veces por los derechos de autor. Enrique Santos Discépolo, el autor de Yira, yira tenía una gran claridad sobre el asunto y la expresaba en un diálogo con Carlos Gardel (http://youtu.be/PZo4PvJsKs0).  (este tango, dicho sea de paso, le traía muchos disgustos a Tania, su mujer, porque abundaban los aduladores distraídos que la llamaban “la musa de Discépolo”.)
            En el aspecto que me interesa el problema del autor, que no pretendo solucionar, sino apenas describir, es análogo al del nombre propio.  En el uso más común se llama nombre propio una institución jurídica que recoge diversas supersticiones que sostienen un vínculo natural entre el nombre y la cosa, en este caso la persona nombrada. Así, el nombre se entiende como atributo de la personalidad, signo con el que se individualiza una persona en el seno de una comunidad, antes para exigir el cumplimiento de sus deberes que para permitir el ejercicio de sus derechos, aunque se lo considera un derecho fundamental desde el nacimiento del individuo y que se prolonga más allá de su muerte hasta el fin de los tiempos; como sabemos está compuesto entre nosotros por el nombre de pila, cuya denominación alude a la pila bautismal, impuesto por los padres y anotado en el registro civil, distinto de los nombres de sus eventuales hermanos, al que se agrega el patronímico o apellido, que en el caso de las mujeres se exigía modificar para transparentar cambios de estado civil. Dada su importancia el nombre propio es objeto de numerosas garantías, que llegan a sobrepasar la voluntad de su tenedor: se lo considera inmutable, imprescriptible, inalienable, inestimable, irrenunciable e intransmisible. Esto es, no puede ser alterado, salvo excepciones detalladas por ley; su titular no puede dejar de ejercerlo y él o sus herederos pueden reclamarlo indefinidamente; a diferencia de lo que ocurre con las marcas comerciales, no se lo se puede negociar, no se lo puede transferir ni se lo puede cotizar, aunque el ‘buen nombre y honor’ pueda exigir indemnización cuando es mancillado por un tercero; por último no es posible utilizar un nombre ajeno (delito de sustracción de identidad) y, con muy pocas salvedades, no es posible renunciar al que se tiene (como se habrá advertido las características más rigurosas del nombre se aplican con mayor propiedad al tipo y número de documento de identidad establecido por un régimen burocrático impersonal y también que esas características pueden aplicarse a la autoría). Desde un punto de vista lógico el nombre propio es cuestión discutida sin término, y acaso su reducción al absurdo, si no su solución,  la señale el inefable Crátilo, discípulo de Heráclito,  que ante el vertiginoso devenir renunció a las palabras para nombrar las cosas y se limitó utilizar su dedo índice; en suma,  un extremo nominalismo requeriría un nombre para cada cosa y cada parte de cosas y cada clase de cosas, etcétera, en tanto que una completa determinación autoral sensu stricto, con autores-sujetos de poema, en la mayoría de los casos con existencia meramente literaria como Monsieur Teste o Abel Martín, requeriría un autor para cada poema, y aún para cada verso, ya que no hay biografía, salvo la de un dios, Diónysos, capaz de soportar las peripecias y las perspectivas asumidas por un poeta a lo largo de su obra, pero sabemos por el mito que ese mismo dios terminó despedazado; de ahí y de aquí que el nombre de un poeta tenga muchos ecos y no siempre los admiradores de un autor valoren la misma parte de su obra y se detengan ante los mismas entonaciones. Lo ideal, que nunca es lo practicable o lo psicológicamente tolerable, no es tampoco lo posible en las situaciones del nombre y del autor, sería construir mediante números y fracciones de números y clases de números, relaciones unívocas, recíprocas e intransitivas entre las cosas y sus nombres, entre los poemas y sus autores, aunque que el resultado dejaría mucho que desear, porque como alguien notó –creo que fue Bertrand Russell a propósito de un teorema de Cantor- hay más clases de números que números, y, análogamente, hay más autores que poemas, como lo muestra el ingenioso equívoco entre Pierre Menard y Miguel de Cervantes.

 Algunos poetas habiendo advertido la incongruencia entre lo que escribían y sus nombres civiles o religiosos, oficialmente tenidos como sus verdaderos nombres –sus ortónimos- y según  cree una superstición muy extendida, denominadores de quienes verdaderamente son, se inventaron nombres de autores para atribuirles los poemas y dejaron de lado, pudorosamente o no tanto, las partidas de nacimiento o las actas de bautismo para firmar sus creaciones con denominaciones más eufónicas y sugerentes Félix Rubén García Sarmiento, Neftali Ricardo Reyes Basoalto, por tomar sólo dos ejemplos, no sin  diplomacia eligieron respectivamente los nombres de Rubén Darío y Pablo Neruda. El resultado no fue del todo satisfactorio, Darío se vio obligado a declarar que era el mismo que ayer nomás decía versos azules y canciones profanas cuando se convirtió a la vida y a la esperanza y su decir no era, evidentemente, el mismo del mismo, en tanto que Neruda recurrió al anonimato y a un presunto grado de capitán para algunos de sus versos. En estos casos, pese al esfuerzo, no sé pasó del pseudónimo, nom de guerre, y la crítica los asimila a la generalidad  y mesuradamente distingue entre periodos o tendencias de un mismo autor, acaso para evitar el embrollo de postular dos autores para una misma obra, ya que quien dice dos, dice innumerables autores; más bien cada crítico, cada lector, asume el derecho de encontrar a su autor detrás del autor.
 Fernando António Nogueira de Seabra Pessoa intentó otro camino, uno que acabo de enunciar como fantástico: remitir cada creación a su autor, para lo cual se llamó poeta  dramático: “tenho continuamente em tudo quanto escrevo, a exaltação íntima de poeta e a despersonalização de dramaturgo…munido de esta chave pode abrir lentamente todas as fechaduras de mina expressão…como poeta sinto…como poeta dramático, sinto despegando-me de mim…como dramático (sem poeta), transmudo automáticamente o que sinto para uma expressão alheia ao que sentí, construindo na emoção uma pessoa inexistente que a sentisse verdadeiramente, e por isso sentisse en derivação, outras emoções que eu, puramente eu, me esquecí de sentir”. Los nombres de estas personas –estas pessoas- Álvaro de Campos, Alberto Caeiro y Ricardo Reis son las más conocidas pero en un artículo de la Wikipedia se enumeran hasta 81 y podrían postularse más,  “estes nomes, não são pseudónimos, representan pessoas…que devem ser consideradas como distintas do autor delas. Forma cada uma uma espécie de drama…É um drama em gente, em vez de em actos.”. De la figura shakespereana a la comparación con Shakespeare hay apenas un paso: “Isso [a obra de Caeiro, Reis, Campos et alia] é sentida na pessoa de outro, é escrito dramáticamente, mas é sincero (no meu grave sentido da palavra), como é sincero o que diz o Rei Lear, que não é Shakespeare, mas uma criação dele.”  
Un breve excursus sobre el no ser seudónimos de tales nombres, a los que se conoce como heterónimos, antes de volver a Shakespeare,  y por intercesión de Borges, a la salida poética sub especie teológica que ensayo asignar a Pessoa. La heteronimia, tanto en español como en portugués, es la formación de género por palabras de raíz diferente: hombre-mujer, toro-vaca. Heterónimo como sustantivo es rápidamente asimilado a seudónimo por el diccionario de la Real Academia, en tanto que el Dicionário Aurélio da Língua Portuguesa incluye un artículo que resulta muy adecuado para mis fines:”Outro nome, imaginário, que um homem de letras empresta a certas obras suas, atribuindo a ese autor por ele criado qualidades e tendencias leterárias próprias, individuais, diferentes das do criador” esta acepción de la palabra:”parece haber começado a circular após o surgimento de F. P, (1888-1935) . que, além de usar o próprio nome en diversas produçoes, muitas assinou com os nomes A de C, A. C., R. R., e outros, poeta cada um de estes, de características bem individuais, tanto nos meios expresivos quanto na substancia, e até com biografías, curiosamente inventadas por F. P. Nessa diferença de características entre as obras das criaturas e a do criador é que reside a dintinçao entre o heterónimo e o pseudónimo.”. En efecto, seudónimo se dice de un nombre llamado falso que oculta uno considerado verdadero, pero el heterónimo también se opone al alias  [Al Capone, alias Cara Cortada, Duns Scotto alias Doctor Sutilis), y al hipocorístico, por imitación al lenguaje de los niños pequeños, Goyo por Gregorio, Toño por Antonio, a veces difíciles de reconocer como Pepe por José o Pancho por Francisco, y otras veces aplicados a diversos nombres, como Cacho, que lo he conocido aplicado a Oscar, a Jacinto, a Carlos y a algún otro; todos estos tienen la pretensión (o el inconveniente) de ser diferentes denominaciones del mismo sujeto o de los mismos sujetos: heterónimo, tal como lo interpreto en este contexto no es “otro nombre”, sino “nombre de otro”, nombre propio de otra persona, aunque imaginaria. La aspiración de Pessoa era distinguir mediante el nombrar, dada su confianza en el poder instaurador del lenguaje:
Saudades, só porugueses
Conseguem sentí-las bem,
Porque tem essa palabra
Para dizer que as tem.

Supongo que muy pronto se dio cuenta de la dimensión irrealizable de su proyecto y comenzó a elaborar otra estrategia, quizás alguno de esos autores tomó el camino de la despersonalización y lo fue llevando al extremo. Borges en un ensayo publicado en 1952, De alguien a nadie, recuerda, a propósito de Shakespeare, el devenir de los nombres de Dios, desde el plural del comienzo, Elohim, los dioses, “plural que algunos llaman de majestad y otros de plenitud y en el que se ha creído ver un eco de antiguos politeísmos o una premonición de la doctrina declarada en Nicea, de que Dios es uno y es tres” (OC II 115) hasta que un autor desconocido del siglo V, nombrado en las bibliografías como Pseudo-Dionysios, por habérselo confundido siglos más tarde con Dionisio obispo de Atenas, seguidor de San Pablo, llamado Areopagita, por haber escuchado la prédica del apóstol en el Areópago, postuló la imposibilidad de una atribución nominal a Dios. Para Borges esto que  llama magnificación de la nada, es propio de todos los cultos y se transparenta en el caso de Shakespeare, quien para Coleridge ya no es un hombre sino “una variación literaria del infinito”.
Sospecho que para Pessoa, para uma de suas pessoas, “ o para más de una, “a vida e feita de nadas” y así Alvaro de Campos escribía:
Não sou nada.
Nunca serei nada.
Não posso querer ser nada.
À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo.
Esto es, que la despersonalización –advertida al comienzo como la posibilidad de impostar otras personas, de representar un poeta que escribía mejor que Pessoa y otro que escribía peor, de multiplicarse y henchir el de por sí copioso mundo de la poesía- esa despersonalización llevada al extremo, cuando dejaba de ser Pessoa y cualquiera de sus otras pessoas le permitía tener ‘todos los sueños del mundo’, le permitía ser el autor de todos los poemas. Quiero decir que esta nihilización no era un descenso o una privación, sino más bien una exaltación, un supremo e inquietante ascenso: tenemos la tendencia a hablar de ‘la’ nada, como si fuera una cosa más, una cosa degradada y mísera, pero la teología negativa dice que Dios no es una cosa y el humanismo existencialista cuando se niega a naturalizar o esencializar al hombre, dice que el hombre no es una cosa. Pessoa, con gestos diferentes pero con idéntica pasión a la del Nietzsche de Nehamas, trasponía así el frágil mundo de las criaturas de carne y hueso y se escribía o inscribía en la leyenda, en lo que es dado a leer, literatura. Voy a seguirlo en unos pocos poemas que sus editores ubican entre los inéditos l930 a 1935.
No encuentro en Pessoa ingenuidad ni locura, pero sí ironía:
Ja ouvi doze veces dar a hora
No relógio que diz que é meio-dia
A toda gente que aquí perto mora
(O comentario é de Camões agora:)
“Tanto que espera! Tanto que confía!”
Como o Camões, qualquer podía
Ter dito aquilo, até a outrora.

E ainda é uma grande coisa a ironia.

            En las viejas retóricas se llama a la ironía ‘inversio’, y se estipula que el ironista quiere decir lo contrario de lo que dice, mecanismo con el cual en apariencia desarmamos la ironía, pero que en rigor nos hace sus víctimas. Lo más que se puede afirmar de la ironía sin caer en sus redes es que sugiere algo distinto de lo que dice, y en eso se parece a la metáfora, quizás con el agravante de que es regularmente más difícil identificar un uso irónico que un uso metafórico de una expresión. Y esto entraña un doble riesgo, para el autor, de que se tome por ironía lo que dice en serio y viceversa, y para el lector el tomar por serio lo irónico y viceversa. Pero a la vez la ironía es un refugio seguro, pues cuando decimos una estupidez demasiado grande podemos decir que estamos ironizando, por tantas veces que nuestras ironías pasaron inadvertidas y quedamos como estúpidos. Aquí sólo cabe aplicar el principio de caridad y suponer lo mejor para el autor que estamos suponiendo.  En la poesía, en la ficción, no hay límite entre lo real y lo posible y ni siquiera entre lo imposible y lo necesario: estas distinciones atañen al mundo del sentido común, al mundo de la práctica, y al mundo de la ciencia. Los efectos poéticos pueden lograrse por simular cualquiera de los mundos o por apartarse rigurosamente de todos:
Sou um evadido.
Logo que nasci
Fecharam-me em mim,
Ah, mas eu fugi.

Se a gente se cansa
Do mesmo lugar,
Do mesmo ser
Por que não se cansar?

Mina alma procura-me
Mas eu ando a monte,
Oxalá que ela
Nunca me encontre.

Ser um é cadeia,
Ser eu não é ser.
Vivirei fugindo
Mas vivo a valer.
Esta declaración es equivalente a la declaración de Platón, gran ironista, discípulo del acaso máximo ironista, quien escribió que en ninguno de sus textos se enunciaba la filosofía platónica. Aquí Pessoa nos advierte que el está en otra parte, siempre en otra parte, nunca aquí. O como escribió otra de sus pessoas, Bernardo Soares, es ‘verdaderamente el centro que no existe sino como convención en la geometría del abismo’. Este no ser, que no es tampoco ser algo que no es, acaso sólo pueda expresarse con la retórica de Plotino, quien decía que el Uno no era ser ni no ser porque como sujeto estaba en un nivel distinto que el predicado.  Entiendo que la ‘despersonalización’, la ‘nihilización’ está íntimamente ligada a la creación (Mallarmé decía que la destrucción había sido su Beatriz). Esto es, no hay creación sino es a partir de nada. Según Juan David García Bacca, Dios, antes de crear el mundo, hubo de crear la nada, pues de lo contrario no habría habido lugar para el mundo: esta figura del vaciamiento se denomina en retórica kenosis, y es explicado por Harold Bloom:
    Término derivado de la discusión en torno al sentido de la frase contenida en Filipenses 2:6: “Él, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó (ekenosen) a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres”. En cierto sentido, la kenosis es Dios menos algo: Dios se sustrae algunos atributos de la divinidad para convertirse en hombre”
La novedad instaura ser, es ontológicamente enriquecedora, pero para habitar en un mundo henchido y rebosante, debe procurarse un nicho, un agujero.  ‘Pessoa’, persona, es en su origen máscara. El poeta dramático para ponerse la ‘máscara’ de sus criaturas, sus outras pessoas, debe quitarse siquiera metafóricamente la propia, en el ejercicio se da cuenta de que ese quitar no lo empobrece. Todo lo contrario:
Quero, terei—
Se não aquí,
Noutro lugar que inda nao sei.
Nada perdí.
Tudo serei.
El juego es literario, es poético, pero es también vital –pero de esa vida paradójica, que en términos de Rimbaud “está en otra parte”:
O poeta é um fingidor
Finge tão completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente
E os que lêem o que escreve,
Na dor lida sentem bem,
Não as duas que ele teve,
Mas só a que eles não têm.
E assim nas calhas de roda
Gira, a entreter a razão,
Esse comboio de corda
Que se chama coração
.
Tal vez he enredado en demasía la cuestión. Intentaré salir del laberinto apelando a una terminología aristotélico-escolástica, donde el principio de individuación no es la materia sino otra forma: el alma individual o personal, lo que coronaré con un texto de aquel pseudo-Dyonisios que antes mencioné. Pessoa o quien sea, el amanuense o escriba, es la causa eficiente de los poemas, estos tienen además una causa formal individual, que es éste o aquél de los nombrados por los heterónimos; en la multitud, la persona de Pessoa es una más entre las personas de los personajes de Pessoa, y es inevitable preguntarse por la causa de las causas formales, por la causa última o primera, esto es, preguntarse á la Borges ¿qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y sueño y sombra y agonías?. Es entonces cuando acudo al falso areopagita:
"Todavía más arriba, en la ascensión, decimos de ella, la causa universal, que no es alma ni espíritu; no se le atribuye ni imaginación, ni opinión, ni razón o pensamiento, ni se puede equiparar con la razón y el pensamiento, ni puede ser dicha ni pensada. No es número, ni orden; ni magnitud, ni pequeñez; ni igualdad, ni desigualdad, ni semejanza ni desemejanza. No tiene un lugar fijo, ni se mueve; no reposa. No se le puede atribuir potencia, ni es idéntica con la potencia, ni con la luz. Ni está viva, ni es idéntica con la vida, ni con la luz. No es Ser, ni eternidad, ni tiempo, ni puede ser comprendida ni conocida por el pensamiento; ni puede ser equiparada con la verdad, ni con el poder, ni con la sabiduría. No es ni uno, ni unidad, ni divinidad, ni bondad; tampoco es espíritu en el sentido en que entendemos esta expresión, ni puede ser equiparada con el hecho de ser hijo ni con el de ser padre, ni con ninguna otra cosa, ni con ningún otro ser del que podamos poseer conocimiento. No pertenece ni al ámbito de lo que no existe, ni al de lo que existe. Se sustrae a cualquier determinación, denominación y conocimiento. No puede ser equiparada ni a las tinieblas ni a la luz, ni al error ni a la verdad. No se le puede atribuir ni dejar de atribuir nada."
O resumido todo en un poema del Poeta:
Que suave é o ar! Como parece
Que tudo é bom na vida que há!
Assim meu coração pudesse
Sentir essa certeza já.

Mas não; ou seja a selva escura
Ou seja um Dante mais diverso,
A alma é literatura
E tudo acaba en nada e verso.

Muchas gracias.

Daniel Vera,

Córdoba 2013

martes, 1 de enero de 2013

PERÍFRASIS GRIEGAS




perífrasis griegas
(Corregidas y aumentadas)



Daniel Vera
Córdoba 1981-2001

(Venus, escultura de Miguel Ángel Budini)

Nimio de Anquín (1896-1979)[1]



Pensaste lo más hondo. Nada más
Y nada menos: hombre por ser hombre
Que busca y ha buscado inmóvil nombre
De Esfera para siempre sin jamás.

Siendo aprendiz constante de razones
-Razón de ser estrella o de ser rosa-
Tu pensar ilumina cada cosa
Y despoja de sombra sus visiones.

Transcurrió señalado tu destino
De noches en vigilia. Tu esperanza
Fue minuciosa trama de templanza
Con amor por verdad hecha camino.

Tu vida hace sentido. Paradigma
Que entre ciegos nosotros es enigma.



 Quienes se acercan a la filosofía, aunque carezcan –como yo- de formación helenística, no pueden dejar de ser asombrados y seducidos por los primeros pensadores, aquellos griegos que dieron lugar al milagro de la razón. Este amor, en mi caso, está íntimamente ligado al nombre de don Nimio de Anquín, elevado filósofo y maestro, cuya vocación mayor acaso haya sido presenciar entre nosotros un alumbramiento idénticamente original. No ignoro que mi visión de este ciclo espiritual –que propongo sin atinencia cronológica- es distinta de la suya. Su ánimo, siempre abierto a la eternidad, hubiera preferido a Parménides como clave última del círculo; el mío, en cambio, apremiado por la irremediable finitud de la condición humana, halla el fondo del enigma en Jenófanes. Esta discordia de pareceres no alcanza, sin embargo, para inhibir mi corazón, el cual protege su gratitud con la sentencia de Heráclito acerca de la armonía oculta y superior a la visible.

D. V.
Córdoba 1981



 THALES

Tiene principio de Agua cada cosa.
De mar toman sustento cielo y tierra
Y mar en horizonte se abre y cierra.
Nace de mar, vorágine preciosa,
Afrodita: mujer, amor y diosa.
Agua nutre de sueño venturoso
Aire sin tierra, fuego sin reposo.
Agua es embarcación, y navegante
De dolor va por lágrima acezante
Hacia fuente de júbilo gozoso.


 ANAXÍMENES

Aire, que por ser Aire no confina
Con otro, pone término y también
Comienzo a lo demás. Es Aire ¿quién
O qué? naturaleza determina
Y común con su nombre denomina.
Aire, no más, vejez y juventud
Respiran en creciente magnitud;
Son tiempo y movimiento que regresan
De círculos eternos y progresan,
Por Aire hacia su propia infinitud.



 PITÁGORAS

En diez se cifra Número perfecto:
Diez es cuatro más tres más dos más uno.
Impar y par son dos y son ninguno.
Porque Número cifra sin defecto
Luz de causa sin causa y tiene efecto,
Ya que Número nombra cada cosa
Por origen y fin. Es armoniosa
Razón de ser: es Número y medida
De Cosmos y de Caos, muerte y vida.
Poema no hay sin Número. Ni prosa.


 ANAXÁGORAS

Aunque indecisa aún, Inteligencia
A caos inicial por ley desplaza
Y materias entrópicas enlaza
Con forma ansiada y lógica de ciencia.
Espíritu que sopla, hace consciencia
Tanto vaho sutil y nebuloso,
Y manifiesta cosmos con precioso
Rigor. Inteligencia da noticia
De pura luz sin sombra y por justicia
Penetra en torbellino tumultuoso.


ANAXIMANDRO

Medida nace entonces de lo Inmenso.
Razón es, sin razón, razón primera
Y última y, por lo tanto, verdadera.
Origen y fin pleno pero denso
Une voz y sentido con intenso
Vigor para saber, no ya noticia
Ni esencia todavía, que se inicia
Y culmina fatal en ciega bruma
Todo lo que visible se consuma.
Además de razón, también justicia.


PARMÉNIDES

Es imagen de Ser esfera clara
Y leve por idéntica y por una.
Se dice su metáfora de luna
Cuando en noche entre noches muestra clara
Plena y falta simbólica no ampara.
No obstante aquella esfera no se afecta
Con discurso ni sombra: no proyecta
Ninguna división, ningún abismo,
Porque ella es –fue y será- siempre lo mismo:
Eterna, Inmóvil, Única, Perfecta.



ZENÓN

Ninguna flecha alcanza su destino.
Y no alcanza veloz y ágil Aquiles
Lenta tortuga vil de pasos viles.
Así es ser pensamiento y ser divino
Según pensado ser y dios y sino:
Único Ser unívoco que nombra
Palabra verdadera. Pero asombra
Vanos hombres aquello que se piensa
Con lógica más clara y más intensa.
Y quedan en no ser, en mera sombra.


 HERÁCLITO

En oculta razón luce armonía
Mejor. Ritmo secreto liga y niega
Nombres opuestos: evidencia ciega
De noche que fecunda sol y día.
Pesar disfraza levedad y guía
Obscuro verbo por sendero claro
Hasta dicho de aquel común y raro:
Por inconstante río todo fluye
Y ser en nada y nada en ser diluye
Y hace de mi palabra luz y faro.



 JENÓFANES

Quizás acierte, pero no por clave.
Ocultos dioses niegan esa suerte
A numerosa vida y sólo muerte
Da con causa o razón que sea llave
Común de mar y pez y cielo y ave.
A dios humano niega su congoja
Pues quien ante ficciones se despoja
De prudencia, por crédulo y profundo
No toca la verdad de ningún mundo.
Misterio su saber. O paradoja.



 Addenda

SÓCRATES

Sólo sé que no sé. No es paradoja.
No es tampoco modestia ni ironía.
Saber mi no saber es cosa mía
Y de sabio adversario que se enoja
Y no oculta su ira o su congoja
De no saber que ignora meta y ruta.
Mi demonio es muy hábil y disputa
Contra quien dice ser mucho más diestro.
Por eso, uno me llama su maestro
Y otro me da alabanza de cicuta.


GORGIAS

Naturaleza no hay, sea cualquiera.
No hay ser y no hay no ser y no hay no ser
Y ser; y si lo hubiera, conocer
No se podría modo ni manera
De su ser o no ser: si se pudiera
No podría decirse. Por lo cual
No hay esencia ninguna natural
Finita no finita ni infinita
Ni grande ni mediana ni chiquita
Ni primera ni quinta ni final.



VEINTE AÑOS DESPUÉS

                El tiempo, antes de gastar definitivamente las cosas, las
hace más sutiles. Corrección tras corrección han afinado durante todos estos años aquellas Perífrasis Griegas  y han vuelto menos ásperos sus rasgos de emociones intelectuales. La armonía, tal vez un hábito del oído, es ahora más aparente que entonces, pero también lo es el hecho de que a través de ellas me estaba divorciando de Melpómene y trataba de seducir a, o consolarme con, Terpsícore y Talía (yo siempre me he reído con una t golpeándome los dientes), y si no, ahí están las estrofas agregadas a cuenta de Sócrates y Gorgias, que trocaron el misticismo epistemológico de Jenófanes por un culto algo más secular y ‘desontoteologizado’  del humor y la ironía. No sé como hubiera visto don Nimio de Anquín este desplazamiento hacia la ligereza y la comedia, pero creo que no los consideraría incompatibles con los sueños del ‘inmerfort Lernende’. No todo ha de ser pesadilla y rigor y tendría gracia que nada lo fuera.


21 de junio de 2001.  




lunes, 1 de octubre de 2012

Finalidad Sin Fin



FINALIDAD SIN FIN

            Me voy a permitir repetir algunos lugares comunes acerca de las relaciones entre dos o tres actividades humanas antes de leer un poema, o algo así, que puede entenderse como un corolario o una respuesta a esos estereotipos. Desde tempranos tiempos manifestaciones filosóficas, sean epistémicas o prácticas,  o bien han excluido la poesía (en un amplio sentido de la palabra) del conocimiento y la justicia o bien han pretendido asimilarla a uno o a otra, o a ambos. Heráclito, con su habitual mal humor, despotricaba: “Un saber múltiple no enseña la sabiduría. Si no, la hubiera enseñado a Hesíodo y a Pitágoras, a Jenófanes también, y a Hecateo”, maravilla retórica muchas veces repetida en la que se asimila el pensamiento del adversario a la ignorancia del poeta, pero no se quedaba ahí, sino que condenaba: “Homero merece que se le expulse de los juegos públicos y aun ser apaleado, y también Arquíloco. Los motivos de Heráclito contra los liróforos eran, según los entendidos, análogos a los de un discípulo de su discípulo Cratilo, el célebre Platón, quien ponía fuera de la jurisdicción de su República tanto a los poetas líricos que se demoraban en su intimidad y no atendían a las preocupaciones comunes, como al mismísimo Homero, maestro de la épica, por empezar su canto declarando las miserias de la guerra:
Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves
lo que cumplía también una función negativa respecto a la defensa de la ciudad y a los valores de la guerra (no debe olvidarse que el hipotético rey filósofo surgía de la casta de los guerreros: diríamos hoy que la filosofía era un posgrado del Colegio Militar), trayendo pesar sobre madres que habían perdido sus hijos, viudas, huérfanos y demás deudos, y en general dejaba fuera de las murallas y la ley a los autores de ficciones, incluso los autores de ficciones realistas, por apartarse de la justa y debida verdad, que era sin más la verdad de la filosofía platónica, de cuyos cultores saldrían, según se afirma en El banquete, los mejores cómicos y los mejores trágicos, que serían según colijo aquellos poetas admitidos en la República para cantar la gloria de dioses y héroes locales y anatematizar todo lo que apartara de su culto. Aristóteles, algo más sutil, pero no sin recordar en su momento la fama de mentirosos que tenían los poetas, le asignó a la poesía un mayor grado de cientificidad que a la historia, al asignarle un campo más universal que el de los meros hechos, el ámbito de lo posible, giro con el cual  le sustraía el conocimiento de la cruda  verdad ,  ya sea porque exageraba las virtudes en la tragedia o porque agigantaba los defectos en la comedia. Y así, sucesivamente. Hasta llegar a Hegel, que le dejaba un alcance epistemológico superior al  de la religión y al de las ciencias experimentales, pero inferior al de la razón, poiesis de imágenes  para sujetos incapaces de conceptos y que debían conformarse con meras figuras, discurso sorprendentemente semejante a los que sostendrían después un Frege o un Carnap. En el otro extremo de la parábola se yergue Heidegger, para quien la poesía es la verdadera filosofía, poder demiúrgico que disemina el ser sobre los opacos entes, va más allá del romántico poder legislador que pretendía otorgarle Shelley, y reúne la inocencia con el peligro, lo cual implica una estetización de la práctica, que no me parece en grado alguno recomendable, vistos los ejemplos del artista Claudio  Nerón o del pintor Adolf Hitler o de otros que han concebido  la política como espectáculo y al espectáculo como literalidad y no como metáfora. Entre tantos, y a mi juicio y en la crítica de mi juicio descuella Kant, quien comprendió tanto la mutua autonomía de la actividad científica y la actividad práctica, aun cuando otorgó primacía a esta, como la autonomía de la actividad poética (si es que nos atrevemos a llamarla así, siguiendo el uso de Oakeshott, quien en el siglo pasado reafirmó la pluralidad de voces en la conversación de la humanidad) frente a los fines tanto científicos como morales y políticos. Esa ‘finalidad sin fin’ urdida en la Crítica del Juicio coincide, desde mi punto de vista, con la postura de Heráclito y de Platón, aunque difiere en el énfasis, quizás porque Kant propendía a la paz y al pluralismo y para aquellos griegos ‘pólemos’ no era sólo un tropo. La poesía no obedece, en efecto, ni a las leyes de la ciudad ni a los preceptos de la ciencia, pero no es menester  enojarse por eso, porque tampoco desobedece esos mandatos: se trata de otro asunto. La poesía, en cuanto tal no interpreta la realidad ni la transforma, sino que se toma vacaciones de ella: es la niebla de Auden o el descanso del caminante de Bioy Casares, en fin,  la Finalidad sin Fin.

Finalidad sin fin


Otros dirán la guerra y sus metales.
Yo he desertado y cruzo la frontera
Detrás de mi señora pensativa.

 

Leopoldo Marechal


Quien mire para ver, no vea nada.
Y que el acaso premie la mirada
De quien ve sin mirar, ojo inocente.

No tiene fin el ritmo del poema.
No camina con rumbo definido.
No busca la verdad ni nombra el ser.
No da razón del hombre ni del mundo.
No reclama justicia ni clemencia.
No propone la paz ni la esperanza.
No proclama la muerte ni el olvido.
No repone los dioses ni el recuerdo.
No pide la memoria ni la fama.
No encuentra la medida ni el sentido.
No se detiene, inmóvil, en el tiempo.
No tiene fin el ritmo del poema.
No niega por negar ni afirma nada.

El poema de amor, aunque enamore,
No dona el corazón ni condiciona
Con sentimiento alguno su sentido.
Igual que en el amor, en otros temas
El mundo (lo que sea) le es ajeno.

Fábula, se presenta como fábula.
Y rechaza el deber, la moraleja,
Porque no es su virtud, pues en tal caso
La más alta virtud llega a ser vicio.

No se nombra por otro. Es por sí mismo.
No tiene causa. Tampoco tiene efecto.
Tal vez no tiene ejemplo. No lo aduce.
Ni cicatriz ni rastro del origen.
No niega por negar ni afirma nada.

El poema discurre su existencia
Como un antiguo huevo cosmogónico
De sí mismo a sí mismo en las palabras.
Crece por negación de cada límite.
Converge en afirmar su divergencia.

El poema no reina en este mundo.
El poema no inicia en los arcanos.
El poema sin dioses contra dioses.
El poema sin voz en la república.

Diferente de todo. Sin excusa.
Su actualidad desprecia la potencia.
No quiere ser, no ser ni ser a medias:
Por sólo ser, el ser le es irrisorio.
Y que el acaso premie la mirada
De quien ve sin mirar, ojo inocente.

No opone las palabras y las cosas
Ni confunde las cosas con palabras.
Se conjuga tan sólo con palabras
Que entre palabras crecen y florecen.
Que las cosas se entiendan con las cosas.
El alma con el alma. Dios con Dios.
Y el poema sin fin con el poema.

No niega por negar. No afirma nada.
Espléndido jardín. Rosa sin tiempo.

Y todo de papel, aire sin humo,
Guerra sin sangre, fuego de artificio.
Instrumentos inútiles, metáforas
Que no buscan ni otorgan referencia.
Crepúsculos eternos y baldíos.

La palabra impotente y desvalida
Que no arroja la flecha de la muerte,
Que no inquieta la sangre de la amada,
Que no mueve montañas ni hace luz,
Que no estuvo al principio ni está al fin.
La más vana. Y el aire se estremece.

Vibración vertebral sólo poema.
Extremada ficción. Escalofrío.
Peligrosa inocencia, porque cruza
Los límites morales; bien y mal
Ignoran su figura y los ignora.

Indescifrable don de la gramática.
No encierra maldición ni bendición.

Finalidad visible del poema:
No tener fin motivo ni propósito.
Apuntar al vacío. Traspasarlo.
La música es el fin de la guitarra,
Pero el fin de la música es la música.

Quién mire para ver, no vea nada.
Que la ceguera cubra su egoísmo.
Quien se quiera mostrar, que se sepulte.
No hay premio más precioso que el fracaso
De las ansias serviles o servidas.

Ojos para mirar, no los tenemos;
Pero vemos y entonces nuestros ojos
Habitan y toleran la mirada.
El poema es visión en el idioma,
No mirada tendida hacia una causa.
Sólo porque hay poema, las palabras
Llegan a ser estrellas y galaxias.

Y que el acaso premie la mirada
Del que ve sin mirar, ojo inocente.
Sin buenos, y sin malos, sentimientos.
Al margen del poder y de la historia.
Sin amos. Sin esclavos. Sin negocios.
En el ocio excelente del poema.
Finalidad sin fin. Ala ligera.
Vuelo del ángel libre y temerario.
Congoja de herramientas y patrones.
Gracia del arte y arte de la gracia.
No niega por negar ni afirma nada.
Permanente ocasión del infinito.

Daniel Vera
Córdoba, 1982-2012